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Forjador de almas, sublime maestro
tu misión es grande como el universo.
Con el alfabeto fundes un destino,
quieres como a tus hijos, a los hijos
ajenos.
Das verdad y ciencia, recibes confianza,
tocas con tus manos todas las miserias.
Recoges intacta
la herencia de Cristo.
A los pobres y ricos
tratas como a hermanos.
Vino a mi memoria esta poesía que aprendí en mi
niñez. La comparto con usted.
Benilda Cruz Menéndez (Especialista en
Enfermería en Cuidados Intensivos, Lima, 2006) |